NOTA DE OPINION:
CAUSA DOCTOR MIRANDA
La justicia Puntana!! ... Al igual que comodoro pi , en este caso podemos
decir que ,casi con la misma metodología que usaba el ex presidente
Mauricio Macri ,utilizando a la justicia
para inventar causas con la colaboración de los espias ,en este caso el
periodista de radio popular Gustavo sosa , aquí lo mas significativo es que el
juez de instrucción en lo correccional y contravencional Marcelo Oscar
Bustamante Marone antes que se
instrumentara la denuncia el ya había
dado instrucciones en la causa, esta situación lo pone más alla del juez
Claudio Bonadio quien nunca respeto el debido proceso. ¿Sera un juez de la
derecha que castiga a nuestro continente? Será otra feng shui como dice
Francisco Bergoglio ?
enriquealejandromiranda@gmail.com
Para que los lectores comprendan anexamos la denuncia para que puedan leerla y saquen sus propias conclusiones.
Para entender la conducta humana que ha
forjado la verdadera historia del hombre y discernir los signos de los tiempos[1], se impone reconocer a Dios
como creador del hombre[2].
Además, es imperativa la inteligencia sobre
el hecho histórico del pecado original[3],
mediante el cual el hombre corrompió su propia naturaleza, se desarraigó de su
creador, se tornó inhumano consigo mismo y se precipitó violentamente contra el
prójimo[4].
Más aún, la conducta desobediente de los
padres del género humano produjo consecuencias ominosas en toda la naturaleza[5].
Así las cosas, el mal aparece, en el
escenario histórico de la humanidad, a causa del hombre. Es el mal uso que
aquéllos, Adán y Eva, hicieron de su libertad lo que arruinó el plan del
creador.
El verdadero mal es el pecado y es a él a
quien hemos de temer, toda vez que de él provienen todos los demás males de un
modo o de otro.
A partir de esta verdad histórica
irrefutable, la del pecado original y los que siguieron después de él, es
válido concluir siguiendo a Jordán Bruno Genta[6]
en que “… el problema del mal no es una cuestión
histórico-social, sino una cuestión teológica”[7].
(El destacado en negrita me pertenece).
Entonces, lo cierto es que la naturaleza del
mal hunde sus raíces en aquella división del hombre respecto de Dios y de sí
mismo y siendo el hombre un ente social, toda sociedad, ya sea natural o
sobrenatural, existe para el mejor ser del hombre[8].
En contrapartida, las divisiones y
enfrentamiento entre los hombres y del hombre consigo mismo, desde el génesis
hasta hoy, derivan de aquella división primigenia y enfrentamiento del hombre
con respecto a su creador[9].
Por ello,
afirma el autor consultado “la causa
primera y el fin último de cada persona humana es Dios; quiere decir que viene
de Dios y va hacia Dios que es su meta definida y definitiva”[10].
Aclarada la razón por la que he considerado
conveniente traer, someramente, a colación estas verdades trascendentes[11] tomo distancia de aquéllos
que creen que el mal, que sufre el
ser humano en la actualidad es producto de contingencias ajenas al obrar moral
del hombre y que debe atribuirse al devenir avasallante de una convivencia
global que nos hermana por encima de las fronteras geográficas de cada país.
Sobre la base de tales presupuestos, afirmo
categóricamente y sin ambages, que tanto la causa remota del mal como la causa
próxima de la presencia actual del mal (hoy la aparición del COVID-19) es de
carácter eminentemente teológico y, en todos los casos, íntimamente vinculada a
la posición que asume el hombre cuando rechaza a Dios como único camino de
salvación, y dedica su vida a servir a los planes siniestros que han sido
trazados desde hace siglos por un enemigo
invisible –también hoy el COVID-19, se revela un enemigo invisible a los ojos de los hombres– con el propósito de
establecer su propio reinado aquí en la tierra y arrastrar a muchos hombres y
mujeres hacia las tinieblas eternas, aún a costa de sacrificar, con evidente
malicia, la vida del ser humano.
UN PLAN PERVERSO
El análisis del modo de aparición, la rápida
expansión del Coronavirus COVID-19, a la par de sus efectos en el mundo, se me
presenta como altamente probable la posibilidad de que esta pandemia constituya
un instrumento utilizado por ese enemigo
secreto que opera entre bastidores y consiguió apoderarse de la mayor
cantidad del oro existente en mundo, con el que respaldan y controlan la
emisión y restringida utilidad de las monedas que circulan en los distintos
países, a la par que digitan e imponen las políticas internacionales que le
permitirá en poco tiempo borrar definitivamente las fronteras naturales que
delimitan el territorio de cada nación para despojarlas de sus soberanías
políticas y someterlas a la dirección del futuro súper gobierno mundial, así
como también ejecutar de manera solapada el aniquilamiento masivo de aquéllos
que ya no son útiles para el trabajo esclavo que, además de aportar a la
producción y sostenimiento de la economía del planeta según su propósito,
contribuyen eficazmente al enriquecimiento de una perpetuada clase política
materialista y atea que por décadas ha regido los destinos de la Argentina,
tales son los jubilados, los indigentes y marginados sociales que han sido
excluidos del sistema social integral y del beneficio de planes sociales
prebendarios y se han convertido en
parias desechables del orbe.
No hace falta ser un iluminado para darse
cuenta que el impulso de la perversión y degradación de la comunidad mundial,
se hace patente en el cinismo del discurso y actuación de quienes, escudados en
la representación de las principales potencias movidas por el interés loable de
erradicar las injusticias de las políticas externas, se erigen como protectores
de los países subdesarrollados o débiles con el solo objetivo de imponer en
ellos a como dé lugar sus planes de gradual colonización, que se torna exitoso
gracias a la cobardía, codicia y disposición servil de sus gobernantes y funcionarios.
Solo en este contexto de información y de
formación confiable[12] –y no en la hipocresía del
discurso político- encuentra sentido trascendente la frase tan utilizada en la
actualidad como slogan de concientización acerca de que “no nos salvamos solos,
sino que debes cuidarte para cuidarnos” o “debemos cuidarnos para cuidarte”,
como si Dios no existiera y todo dependiera de nuestra sola voluntad y
decisión. Por supuesto que es sumamente necesario el deber de asumir los
cuidados personales en orden al bien común. Pero, reconozcámoslo, que no son
suficientes. Es imperativo que todos dirijamos nuestra principal atención al
que verdaderamente es capaz de calmar todas las tempestades que amenazan al
hombre[13].
Luego, si analizamos con detenimiento la
conducta de nuestros gobernantes, nos daremos cuenta de la farsa mundial
montada sobre el convencimiento de que enfrentamos a un enemigo invisible que
apareció de repente, cuyo origen, conformación y potencial peligrosidad se ignoran,
desde que la mayoría de ellos, soslayando aviesamente la información aparecida
durante varios años en la prensa internacional acerca de la real creación del
virus, ha declarado conocer de antemano
que llegará a todas las naciones y provincias a través de casos importados o de
quienes hayan tenido un contacto directo con éstos, para luego expandir el
contagio mediante su circulación comunitaria, y terminará afectando al 80% o al
90% de cada población, ante lo que algunos consideraron necesario imponer
medidas coercitivas que evidentemente no responden a una sincera intención de
preservar la salud colectiva, sino que ofician de disfraz para ocultar sus
acuerdos preestablecidos de poner a los pies del futuro líder mundial los
destinos de todas las naciones.
LAS MENTIRAS SOBRE SU ORIGEN:
Según ha trascendido de modo confuso en
numerosos medios periodísticos mundiales con relación a los resultados
obtenidos a través de desesperados ensayos científicos, no obstante la
información preexistente al respecto, aún no se ha podido o no se ha querido
establecer cuál es el origen o fuente exacta de producción del virus, no
obstante lo cual reconocidos epidemiólogos, infectólogos y biólogos han
afirmado que no es el aire su medio de subsistencia y de contagio, sino que
éste se produce mediante el contacto personal.
Ante esta situación, sospecho que aquéllos
expertos que cuentan con elementos de prueba confiables que certifiquen que la
fuente de transmisión del virus no es animal, vegetal o atmosférico; o por
consumo de algún tipo de alimento, se niegan, ya por preservar una estrategia
política-geográfica-poblacional que favorezca la direccionada globalización de
las naciones; ya por complicidad premeditada; ya por falsa prudencia que
proteja sus intereses personales; ya por simple pusilanimidad, a exponer sus
conclusiones dando a conocer públicamente las verdaderas causas del mal,
amparados probablemente en la excusa de no crear infundadamente el pánico ni la
psicosis mundial y exponerse a sufrir graves represalias, las que sí padecieron
los que se animaron a denunciarlas.
Las referencias concretas que nos permite
inferir con suficiente razonabilidad que la generación del virus hay que
buscarla en la meticulosidad del plan de dominación mundial pergeñado por
mentes oscuras que buscan el establecimiento de un súper gobierno
internacional, provienen, por un lado, de la “sugerencia” formulada ante medios
de prensa internacionales por el portavoz del Ministerio de Relaciones
Exteriores de China, Zhao Lijian, acerca de que el virus fue instalado en este
país por soldados norteamericanos, y por el otro, de los dichos del propio
presidente de Estados Unidos que hace responsable a China por el inicio y
proliferación de la pandemia.
Lo cierto es que, más allá de cualquier especulación
de orden político o epidemiológico cuyo desarrollo –aunque relevante- excede
mis conocimientos y la finalidad apremiante de estas reflexiones, no se emite
desde la comunidad científica y médica precisiones sobre el origen y
composición genética comprobadas del virus, lo cual no impide que los
responsables de cada comunidad social -movidos en reiteradas ocasiones por
criterios que trasuntan un grado de improvisación, irresponsabilidad y
contradicción inexcusables- adopten medidas que, en lugar de proteger a las
personas, las expongan abierta y directamente a sufrir las consecuencias
letales del virus.
PROPAGACION DEL VIRUS Y SUS CONSECUENCIAS
Según la prensa internacional, el Covid 19
apareció a fines del mes de diciembre de 2019 en la Provincia China de Wuhan
pero, no obstante su reconocido poder de contagio, llamativamente no se habría
expandido hacia el resto del país ni a sus vecinos de Corea y Rusia, tampoco
hacia África, y en poco tiempo, mientras aceleraba su tránsito mortal por casi
toda Europa, principalmente en Italia, España, Francia y Alemania, nos llegó la
noticia que pudo ser controlado y hasta sanado su último contagiado en el país
de origen, que paradójicamente se ha convertido en el principal proveedor de
respiradores y otros insumos para controlar la pandemia a la mayoría de los
países afectados, incluido Estados Unidos.
Se ha difundido a través de programas
televisivos emitidos desde Italia y otros países europeos, la existencia de teorías conspirativas que
afirman que los científicos chinos, financiados por Estados Unidos y personajes
multimillonarios que ejercen un poder determinante en el flujo de la economía
mundial, trabajaron en el año 2015 en la creación de un virus que cause una
enfermedad respiratoria altamente contagiosa capaz de provocar una pandemia
internacional, y que una vez logrado este objetivo, se testeó en el año 2019
mediante un “simulacro virtual” controlado por una junta de expertos convocados
al efecto, si el mundo estaba en condiciones de soportar los efectos de esta
pandemia, concluyéndose que la mayoría de los países no contaba con barbijos,
guantes, respiradores y otros insumos que pusieran a salvo oportunamente a sus
habitantes y, llamativamente, fue precisamente
este estado de vulnerabilidad de las naciones el que está contribuyendo
a profundizar los estragos que está causando el COVID 19.
Concurriendo a ratificar estas teorías, más
allá de la responsabilidad que se le atribuye al partido comunista chino de
silenciar y reprender a quienes intentaron advertir sobre el inminente peligro
de propagación y muerte, y de ocultar el verdadero número de víctimas fatales
que auto provocó, aparece la inexplicable falta de respuestas acerca de porqué
ningún asesor en materia de sanidad pública de los líderes de las restantes
naciones del mundo, advertido con suficiente antelación sobre la publicitada
creación del virus, una vez aparecido, no pudo alertar a éstos sobre la
necesidad urgente de activar un protocolo de medidas estrictas de prevención
para impedir su penetración y efectos en cada comunidad.
Así, gracias a la pasividad incomprensible de
estas autoridades, el virus se instaló en los países de Europa más concurridos
y visitados por habitantes de casi todo el mundo, y aparentemente favorecido
por la constante e incontrolada circulación de estas personas, se difundió sin
obstáculos hacia todos los rincones del planeta mientras paradójicamente los
responsables de cada nación “esperaba el contagio que indefectiblemente
llegaría”.
El presidente Alberto Fernández, de
reconocida trayectoria en la política apátrida, corrupta y mercenaria que desde
hace décadas negocia la venta infame de nuestra soberanía política y la
degradación esclavizante de los argentinos, informando con falsa humildad que
seguía el consejo dado –seguramente de buena fe- por un grupo de expertos y
asesores en materia sanitaria, según quedará al descubierto más adelante,
decidió imponer una cuarentena obligatoria a prácticamente todos los habitantes
de la Nación con el exclusivo fin de preservar la salud pública, poniendo de
relieve su posición humanista que lo distinguió respecto de aquéllos
gobernantes que prefirieron priorizar el mantenimiento de la producción y del
desarrollo económico.
En este marco de estricta limitación de la
actividad social y laboral, se implementó a nivel nacional un régimen de “mano
dura” en cuya planificación y ejecución participaron activamente los
funcionarios y profesionales de cada área comprometida en garantizar la
seguridad integral de cada habitante del País, llegando a aplicarse multas
económicas; decomiso de bienes; hasta
penas de prisión a quienes violaron las condiciones establecidas para el
cumplimiento del aislamiento obligatorio, destacándose en cada mensaje de
prevención que los principales destinatarios de tan indispensables cuidados
eran aquéllos que constituían la “comunidad o grupo de mayor riesgo”, es decir,
nuestros ancianos y abuelos; aquéllos que con su abnegado esfuerzo
contribuyeron a sostener y afianzar el sentimiento de Patria que la falseada historia
moderna se esfuerza en bastardear y olvidar.
Empero, esta falsa preocupación del primer
mandatario nacional, compartida por la mayoría de los gobernantes que se
precian de federales y por sus funcionarios, quedó al descubierto el pasado
viernes 4 de abril cuando nuestros jubilados, obligados por la apremiante
necesidad económica que padecían desde hace tiempo y estimulados por los
irresponsables anuncios públicos difundidos varios días atrás por distintos
funcionarios, concurrieron y aún hoy lo
hacen masivamente a los bancos oficiales del País a cobrar sus miserables
haberes y otros beneficios sociales, totalmente desprovistos de las
protecciones elementales, tanto personales como oficiales, exigidas en el marco
de la situación de emergencia sanitaria por la que atravesamos, y sin que
ninguna autoridad se alarme frente a las gravísimas consecuencias que esta
decisión política eventualmente genocida pudiera causar.
Como es de esperar en estos nefastos
regímenes políticos, este suceso de flagrante iniquidad pasó como un descuido
más deslizado en el ámbito de cuestiones irrelevantes y secundarias, que en
modo alguno empañó o puso en duda la buena fe y
transparencia del accionar del presidente que, en sintonía con esta
medida que dolosamente puso en peligro la vida de nuestros jubilados,
contradiciendo su decisión de priorizar la salud pública, está direccionando
sus decisiones hacia la flexibilización progresiva del aislamiento social
liberando el desarrollo de trabajos inherentes a la obra pública y otros
informales, minimizando sus efectos y haciendo de cuenta que ya estamos a salvo
de las consecuencias más graves de la pandemia.
Otro de sus graves e intencionados
desaciertos porque algunos de los asesores científicos más respetados que
supuestamente escucha para humildemente conjurar el peligro social, han
advertido públicamente que el pico de mayor contagio se espera para el mes de
mayo –potencialmente agravado por la reciente exposición premeditada de
nuestros jubilados- por lo que recomiendan denodadamente que continuemos
respetando con mayor estrictez la cuarentena debido a que la mejor vacuna
contra el virus es quedarnos todos en nuestras casas.
A medida que transcurre el indefinido plazo de
aislamiento social obligatorio, se acentúa más el grado de inexplicable
irresponsabilidad, improvisación y manifiesta contradicción en la
implementación de las políticas sanitarias y económicas por cuanto:
-
Si bien el gobernador de la
Provincia, cumpliendo la disposición nacional estableció tempranamente el aislamiento
social preventivo y obligatorio (cuarentena), con la finalidad de evitar la
aceleración de la propagación del virus y aplanar la curva de contagio, lo que
permitiría ganar tiempo en el acondicionamiento de hospitales y lugares
destinados a la atención de los infectados, no previó, al igual que en Buenos
Aires y el resto del País, las condiciones sanitarias específicas que debían
respetar los exceptuados de la medida para alcanzar dicha finalidad.
-
En este sentido, y en medio de una
verdadera anarquía programática, expertos en materia sanitaria debatían sobre
la utilidad o eficacia del barbijo para evitar el contagio, dividiéndose las
opiniones entre los que afirmaban que voluntariamente debían usarlo solo
aquellos que sospecharan que estuvieran infectados o presentaran algunos de los
síntomas que provoca el virus, y los que sostenían que de poco servía ponérselo
debido a que el contagio podía producirse por tocar algún objeto contaminado
por algún infectado y llevarse las manos a la boca u ojos. De manera
inexcusable, fueron excluidos de este análisis preventivo los asintomáticos
que, siendo solo portadores del virus y sin que se expusiera una explicación
científica fundada, podían contagiar la enfermedad durante al menos seis días
previos a exteriorizar los síntomas.
-
Recién cuando se cumplió el primer
plazo de cuarentena, calculado a partir de la hipotética fecha del primer caso
importado o contagio detectado, y del desarrollo y tratamiento de la
enfermedad, y mientras estamos cumpliendo el término que la amplía, se dieron
cuenta los expertos que realmente es indispensable el uso del barbijo y tratan
de instruirnos apresuradamente acerca de las técnicas más eficaces para
utilizarlos y hasta de fabricarlos, lo que nos conduce a presumir con suficiente
razonabilidad que, ante la actividad de estrecho contacto social que por
aplicación de esta laxa e irresponsable política sanitaria se ha producido, es
de esperar que se eleve de modo alarmante en los días por venir el número de
contagiados, especialmente entre nuestros abuelos, y si no es así, será por la
exclusiva misericordia de Dios.
-
Nuevamente, tal como acontece con
los que violan el aislamiento obligatorio, recaerá sobre quienes incumplan la
obligatoriedad de llevar barbijos la imposición de sanciones, proceder que
tiende a encubrir o justificar la incompetencia cada vez más evidente de las
autoridades en materia de planificación asistencial preventiva para hacer
frente a esta calamidad que ciertamente está afectando a la provincia, a la
Nación y a gran parte del mundo.
-
En cuanto a los recursos con que
cuentan tanto la Nación como el gobierno de esta Provincia para sostener un elemental equilibrio en la
actividad económica integral que posibilite afrontar los gastos que demande la implementación
de una política asistencial de urgencia, se ha reconocido que la continua falta
de inversión para mejorar el servicio de salud pública limita hoy de modo
considerable la posibilidad de dar respuestas inmediatas a la escasez de
insumos indispensables y a la necesidad de equipar adecuadamente a los
hospitales públicos, por lo que se ha dispuesto asignarles a estos
establecimientos millones de dólares provenientes de secuestros judiciales
efectuados a ex funcionarios ligados estrechamente a quien fuera presidente de
la República, Cristina Fernández de Kirchner, hoy vicepresidente de la Nación,
por actos de corrupción que cometieron en ejercicio de la función pública.
-
Paradójicamente en este aspecto,
pareciera que ni siquiera la pandemia, así como tampoco la delicada situación
que ella provoca en la economía de la Nación, detiene la avaricia ni la
disposición a cometer actos de corrupción que ha caracterizado las gestiones
anteriores del presidente y su compañera de fórmula, como continuadores de una
tradición delictiva enquistada en el seno del Estado, ya que en estos días se
descubrieron operaciones de compras directas por cifras millonarias de
alimentos y alcohol en gel, en las que se pagaron sobre precios escandalosos
que habrían dejado diferencias abultadas en favor de los funcionarios
intervinientes.
-
Desconozco si alguien realizó
alguna referencia pública relacionada al análisis que demuestra que, con las
incalculables sumas de dinero obtenidas mediante el latrocinio que
descaradamente vienen cometiendo estos funcionarios y sus predecesores en
perjuicio del erario público y del bienestar general del pueblo que los votó,
se podrían haber comprado respiradores, barbijos, guantes y todo otro tipo de
insumo sanitario para cada habitante de la nación, y hasta se podría haber
financiado un plan de asistencia económica para aquéllos trabajadores
informales y de pequeñas industrias que están padeciendo la paralización de la
producción en el país con la consiguiente pérdida de ingresos que les
posibilite atender sus necesidades básicas, lo que demuestra la resignación
colectiva generalizada ante el desplazamiento de la honestidad y transparencia
como soportes de la función pública, por la descarada inmoralidad de los
políticos que la cumplen.
-
Con una desfachatez que acentúa la
extrema afrenta que desde hace décadas se dirige a quienes desde nuestros
puestos de trabajo, con esfuerzo, honestidad y verdadero espíritu de
solidaridad aportamos para el desarrollo equitativo y virtuoso de la sociedad
argentina, el presidente elogió públicamente la trayectoria de Hugo Moyano, uno
de los sindicalistas más sospechado de expoliar a los transportistas privados y
de enriquecerse ilegalmente desde su función, y lo puso como ejemplo a seguir
en la cooperación desinteresada para alcanzar el bien común, proceder que
ratifica la perversidad que anima la actividad político-gremial de estos
personajes, amparados por la impunidad que les garantiza de antemano el régimen
de justicia establecido a la medida de los intereses inicuos que une a la mayoría
de la clase dirigente.
-
En este contexto aparece patente
públicamente el cinismo que mueve a gran parte de los dirigentes políticos a
alcanzar los puestos de gobierno, así como también el desprecio siniestro por
el bien común social y espiritual de las personas, en virtud de que, mientras
han dirigido o dirigen los destinos de una provincia o de la nación,
responsabilizan a sus predecesores por las defectuosas o prebendarias políticas
aplicadas, pero cuando han sido o son oposición, critican a los gobernantes de
turno por conducir a la sociedad hacia debacles políticas y económica mediante
las mismas acciones y discursos sofistas
que ellos también pusieron en práctica, de todo lo cual se sigue que no
existen realmente entre ellos enemigos o adversarios políticos, sino que todos
integran una asociación ilícita conformada a partir de que consiguieron
estafar, en principio, la buena fe de los que “democráticamente” los eligieron.
-
Un párrafo aparte merece el
análisis de la presumida buena fe de la mayoría ciudadana que decide con su
voto quién nos gobernará, desde que insisten con elegir a los mismos candidatos
pese a los escandalosos actos de flagrante ilicitud y corrupción que han
consumado mientras han sido presidentes, gobernadores o intendentes, amparados
por sanciones legislativas y resoluciones judiciales dirigidas a asegurarles
permanente impunidad, aunque para ello se haya debido sacrificar el Estado de
Derecho y la vigencia plena del Sistema Representativo, Republicano y Federal
consagrado en nuestra Constitución Nacional. Se confirma entonces aquello que
se dice acerca de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Un pueblo
corrompido no puede más que tener un gobierno corrupto. Al respecto, nos enseña
Genta: “Se comprende que la estructura ética de la persona humana se refleja ampliada en las estructuras
sociales y políticas , donde se desarrolla la convivencia y se converge hacia
fines comunes” (…) “Platón insiste en que la sociedad y el Estado se edifican
inmediatamente sobre el alma del ciudadano; por esto es que el orden o desorden
internos se traducen exteriormente en el orden o desorden de las instituciones
sociales, desde la familia hasta el Estado pasando por las sociedades
intermedias”[14].
En este desolador
panorama, escuché a Alberto Fernández -coincidiendo con otros presidentes,
políticos, periodistas y personalidades públicas- pronosticar que después de
esta pandemia ya no seremos los mismos como personas ni como sociedad, porque
un sentimiento de mayor humanismo y concordia creará nuevos lazos de contacto y
comunicación hermanándonos aún más, dejando entrever que el bienestar universal
se está generando a partir del incipiente nacimiento de una comunidad homogénea
mundial.
Según la hipótesis que
sostengo, este discurso homogéneo que hoy parece espontáneo y producto de un
discernimiento individual, relacionado con las consecuencias que producirá la
pandemia en la mayoría de los países, no hace más que confirmar que se están
sentando firmemente las bases para el establecimiento de un súper gobierno
mundial conformado por quienes aún actúan desde las sombras, que promete
librarnos de las políticas erráticas e improvisadas de gobernantes que no han
entendido el concepto de globalización ni supieron defender de la pobreza y
marginalidad a sus súbditos, quienes celebrarán esta aparente protección
externa ignorando que van a integrar una sociedad cosmopolita sin Dios ni
religión; sin patria; sin propiedad privada; sin educación y sin siquiera el
derecho a la vida.
En este sentido, es preciso prestar atención
a las medidas que uniformemente se han adoptado en todo el territorio nacional
mientras dure la pandemia, con relación al desarrollo de las actividades
económicas; financieras, educativas; sanitarias; sociales; y de seguridad, en
cuyos resultados se pretende fundar el auspicioso cambio de paradigmas que
generará la utilización del sistema informático como vía de canalización futura
de las relaciones integrales de la comunidad provincial, nacional e
internacional, claramente orientadas a conformar una única comunidad mundial
donde reine la verdadera libertad, igualdad y fraternidad.
Como el poder económico internacional ha
logrado subordinar y someter a sus oscuros propósitos las políticas nacionales,
incluida la de nuestro País, después de la pandemia -que paradójicamente
terminará derrumbando cualquier posibilidad de subsistencia con recursos
propios- el endeudamiento con el fondo monetario internacional se incrementará
a límites que harán imposible el pago de la obligación asumida, ante lo que la
aprobación de la asistencia que desesperadamente rogaremos estará supeditada a
la exigencia de permitir a este organismo el acceso -sin ningún tipo de
restricción- al monitoreo permanente a través de las redes informáticas y de
informes fehacientes periódicos no solo de toda la actividad oficial, sino
también de la que despliegue la población en cualquiera de los ámbitos de su
dinámica familiar y social, programa que ya viene poniéndose en práctica a
nivel nacional para descubrir los focos de resistencia a las políticas
oficialistas e identificar a los pseudos enemigos del gobierno de turno.
En este contexto de degradante globalización,
digitará los contenidos de los programas educativos a partir de premisas que
contraríen los principios morales y las virtudes éticas que dignifican a la
persona, y controlarán que se impartan coercitivamente en los distintos niveles
de instrucción sin que hayan reprobados; mantendrá un cuadro de situación
permanentemente actualizado del estado de la salud pública mediante la
fiscalización de las videos consultas, certificación de diagnósticos y receta
de medicamentos; podrá direccionar las políticas de seguridad en favor de
garantizar las “libertades individuales” que consagren una estructura social e
institucional corrupta e injusta; y ampliará el conocimiento que ya tiene de lo
que hace, dice y siente cada persona, así como también del lugar preciso donde
se encuentre.
Claro que, para la exitosa implementación de
esta compleja trama, los gobernantes nacionales y provinciales deben de haber
renunciado a sus deberes y obligaciones funcionales para convertirse en
inspectores calificados que garanticen el control externo de toda actividad
comunitaria y social, permitiendo que el obrar institucional íntegro se adecue
a la consecución de esta detestable finalidad.
Tenemos entonces que, a las gravísimas
consecuencias que producirá la pandemia a la salud de la población argentina,
debemos sumarle otra no menos perjudicial, cual es la desaparición definitiva
de la verdadera democracia; del Sistema Representativo, Republicano y Federal
de Gobierno, y del estado de derecho que pone a resguardo los derechos y
garantías fundamentales de todo ciudadano.
CONCLUSIÓN
Llegado a este punto, viene a lugar analizar
algunos de los hechos documentados a lo largo de la historia que demuestran el
sentido trascendente que tiene el mal que puede obrar el hombre, a partir de su
división de Dios, del prójimo y de sí mismo, para arribar finalmente a la
fundamentación de la tesis que sostengo respecto de la verdadera causa que
originó la pandemia, que solo puede ser discernida en el ámbito de la teología.
La presencia del mal en el mundo se remite a
la caída en el pecado original de nuestros primeros Padres, tentados por la
inteligencia superior de un Ángel que se rebeló a la autoridad amorosa del
Padre.
Producida la caída de la naturaleza humana,
la muerte y numerosos males comenzaron a afligir a las generaciones venideras,
potenciadas por la creciente malicia instalada en el proceder de cada persona,
al extremo de que, para satisfacer la justicia de Dios Padre y comprarnos con
el precio de su sangre, nuestro Señor Jesucristo se sacrificó cruentamente en
la Cruz.
La divinidad del Mesías no fue aceptada ni
reconocida por gran parte de su pueblo, la que, inducida de modo capcioso por
sus autoridades religiosas, logró su crucifixión pidiendo que su preciosa
sangre cayera sobre los deicidas y sus hijos.
A la persecución y muerte de los apóstoles
elegidos por Jesús para que predicaran su evangelio, le siguió la persecución
sangrienta de su Iglesia a través de los siglos y aún hasta la actualidad,
impulsada por ese enemigo invisible al que hice referencia anteriormente,
representado por aquéllos que lo rechazaron como Mecías y Salvador.
Del seno de esta secta maldita, nacieron los
impulsores del comunismo, del socialismo, del materialismo, del capitalismo,
del liberalismo, y otras facciones nefastas para la salud espiritual de la
humanidad, que, por odio a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana y a
todo lo que ella representa, crearon revoluciones genocidas a lo largo y ancho
de Oriente y Occidente sin que ningún gobierno o autoridad en el mundo, excepto
los Papas santos, condenaran sus acciones.
Este mismo enemigo, que otrora asoló a la
humanidad con sus regímenes sangrientos y terroríficos impulsados por el virus
de la ideología atea, apátrida y descristianizante, para alcanzar su objetivo
de dominación mundial, puso en marcha hace varias décadas el llamado “tren de
la globalización”, el que debían abordar coactivamente todos los gobiernos del
orbe para no dejar irremediablemente excluidos del desarrollo, prosperidad y
bienestar futuros a sus súbditos.
El precio del pasaje hacia esa falsa paz y
hermandad universal, cada gobernante debió pagarlo con la soberanía política de
sus respectivos países, depositando a los pies del futuro monarca internacional
la cesión formal de los derechos de propiedad y de disposición de los bienes y
tesoros nacionales y provinciales, y de la autoridad ilimitada para decidir el
futuro de las instituciones públicas y privadas, principalmente las religiosas.
Hoy, entiendo que siguiendo una decisión
anticipada, ese tren de la globalización ha regresado por las estaciones del
mundo diseminando un virus creado para causar principalmente la muerte de todo
aquél que se considere improductivo para el sostenimiento de la economía
internacional (ancianos, pobres y marginados sociales), y estableciendo
simultáneamente un régimen de colonización sustentado en acciones que
consoliden la desintegración de la familia y de la sociedad Cristianas
promoviendo la desnaturalización de los roles esenciales de cada una; instalen
la corrupción y degradación social como motores de las políticas locales;
propendan al distanciamiento social que insensibilice las relaciones de
cooperación y solidaridad; establezcan la conducta delictiva impune como medio
de subsistencia personal y social; impongan programas de rastreo y control
informático en los medios de comunicaciones oficiales, privados y sociales;
impulsen el desarraigo familiar y territorial que despersonalice a cada miembro
de la comunidad; y el sometimiento económico, político y cultural de las
naciones sin afectar las riquezas que obtuvieron vilmente como retribución sus
gobernantes.
Ahora bien, si alguien cree que todo este
pandemónium tiene lugar para zanjar la lucha entre los hombres por conseguir
para sí el poder supremo en la tierra se equivoca, pues de lo que se trata es
de asegurar el éxito de la revolución social y política que están llevando a
cabo desde las sombras aquéllos que quieren establecer definitivamente el
reinado de satanás en el mundo.
Como lo sinteticé anteriormente, la historia
verdadera lo confirma con hechos documentados que no han sido desmentidos por
nadie, como lo fue la gesta de los Cristeros Mejicanos, que ante la persecución
de la Iglesia Católica por parte de gobernantes masones y apátridas, no dudaron
en ofrendar sus vidas para defender la fe al grito de ¡Viva Cristo Rey!
Uno de los mártires de esta gloriosa gesta,
el Beato Anacleto Gonzáles Flores, en una síntesis magistral que puso al
descubierto la finalidad trascendente que perseguían los enemigos de Cristo
encubiertos en la defensa de intereses políticos beneficiosos para la
humanidad, plan que repiten en la actualidad, y alertó sobre lo que le deparaba
al pueblo mejicano si no conjuraba a tiempo este peligro, expuso ante sus
compañeros de lucha: “El enemigo avanza desplegando sus huestes en todo el
frente de batalla, y avanza conquistando palmo a palmo el terreno que nosotros
los católicos temerosamente abandonamos, y terminamos arrinconados en las
sacristías pidiéndole a Dios que El obre, que El haga, pero nosotros qué
hacemos? Nos hemos convertido en paralíticos espirituales escudados en una
falsa prudencia. Nos cortarán las cabezas y mientras éstas vayan rodando,
nuestras bocas seguirán repitiendo prudencia… prudencia… prudencia”.
Los exhortó entonces a sacudirse el yugo de
la pusilanimidad y luchar para instaurarlo todo en Cristo, tal como lo pedía el
Papa San Pío X, aún a costa de sacrificar sus propias vidas, porque para ello
habían jurado solemnemente “amar a Dios hasta el martirio, a la Patria hasta el
heroísmo, y al pueblo hasta el sacrificio”.
El pueblo mejicano, al igual que los
habitantes de La Vendée en Francia; que los nuevos Cristeros Cubanos; que los
españoles que combatieron contra el comunismo ateo y apátrida; y muchos otros
pueblos del mundo cuyos habitantes defendieron con su sangre el reinado social
de Cristo en sus patrias y hogares, entendieron que el problema del mal no es
una cuestión histórico-social, sino una cuestión teológica, y que no podían
librarse de sus nefastas consecuencias solos y
prescindiendo de la ayuda de Dios, sino que debían hacerlo invocando la
intercesión de Nuestro Señor Jesucristo quien prometió que todo aquél que lo
reconozca abiertamente ante los hombres, Él lo reconocerá frente al Padre que
está en los cielos, porque nadie va al Padre sino por Él.
He aquí el verdadero significado de la máxima
católica referida a que “nadie se salva solo”, que se utiliza hoy
circunscribiendo su alcance y eficacia a la sola voluntad y decisión del
hombre.
Al respecto, nos ilustra de manera brillante
Genta al referirse en su obra al cristiano y el Orden Político: “El hombre,
todo hombre, es una persona, criatura racional, libre y social por naturaleza;
hecha a imagen y semejanza de Dios por su alma inmaterial e inmortal. Tiene un
destino singular, único e intransferible, trascendente y eterno; pero que no
realiza aislado, sino en comunidad con Dios y con los otros hombres; no se
salva ni se pierde solo; no puede lograr su bien personal sino ordenado al Bien
Común, tanto temporal como eterno. Por esto es que el Bien Común es la ley
primera de la sociedad política después de Dios”[15].
Este es el principio teológico en que se
funda el plan Divino de salvación del hombre y el que ignominiosamente se ha
propuesto destruir ese enemigo invisible, fomentado el ateísmo y divinizando al
hombre en el devenir de la historia, lo que llevó a Dostoiesvski a sentenciar
“Si no hay Dios, si Cristo no es Dios o no es más que una leyenda, todo está
permitido”.
Augurando el éxito de la revolución anti cristiana
pergeñada por los enemigos de la fe católica y ejecutada por la mayoría de los
gobernantes alineados con la secta satánica en el mundo, Nietzsche anunció
alrededor de 1870 en su obra Más allá del Bien y del Mal: “Sacrificar a Dios en aras de la nada,
ese paradójico misterio de extrema crueldad, será la obra de las generaciones
que van llegando[16].
Una prueba más de la realización de estos
resultados, es que solo algunos pocos presidentes católicos han ofrecido
plegarias a Dios rogándole que salve a sus pueblos de esta pandemia, pero en
nuestro País los funcionarios han excluido por completo a la verdadera religión
de la política, y permiten el amontonamiento de personas en los bancos,
supermercados, farmacias y cajeros automáticos, en muchas ocasiones sin ninguna
protección elemental, mientras que han prohibido las misas y demás reuniones
religiosas que seguramente le significarían grandísimos beneficios a la
humanidad, en las que es muy factible adoptar medidas sanitarias que eviten por
completo el contagio, lo cual comporta, además de una decisión arbitraria, el
ejercicio abusivo del poder temporal en desmedro de las facultades y derechos
propios del poder supremo conferido al Papa como Vicario de Cristo en la
tierra.
Olvidan estas autoridades y la sociedad en su
mayoría, que ha sido precisamente el poder de la oración el que ha salvado a la
humanidad de peligros mayúsculos que se han cernido sobre ella, tales como la
peste negra, detenida a luego de llevar a Cristo en procesión pública durante
16 días por Roma; y el triunfo milagroso de los Ejércitos Cristianos en la
Batalla de Lepanto, evitando que Roma y Europa cayeran en poder de los turcos.
En este trascendente hecho documentado por la
historia, viendo el gravísimo peligro que se cernía sobre la Iglesia Católica
en el mundo, y la descomunal
inferioridad de condiciones en que se encontraba el ejército cristiano respecto
de los invasores, el Papa San Pío V convocó a los fieles a rezar el rosario
durante los aprestos y desarrollo de la batalla, lo que determinó que de manera
milagrosa se revirtiera la hipótesis de segura derrota para transformarse en el
júbilo del triunfo obtenido por obra de Dios.
En respaldo de lo expuesto, señala Genta: “La
prescindencia absoluta de lo religioso en lo político y la subordinación total
de lo político a lo económico, comporta la más flagrante subversión del orden
natural y el predominio del materialismo ateo en la mentalidad dirigente” (…)
“las cosas son como son y su orden natural es lo mejor que tienen, sean cuales
fueren las vicisitudes en esta vida” (…) “La política es lo primero en lo
temporal, pero está subordinada a la religión verdadera en orden al fin último
y trascendente de la persona humana”[17].
Me doy cuenta que en un sistema político
mundial donde se han previsto graves represalias para aquéllos que se animen a
denunciar pública e institucionalmente las conductas desviadas y perversas de
quienes gobiernan las naciones y provincias, principalmente si tales denuncias
tienen repercusión en el avance de las políticas que, basadas en falsos
conceptos de igualdad, libertad y fraternidad, conducen a la comunidad hacia la
degradación indignante de sus integrantes, se hace evidente el temor de
levantar la voz ante estos atropellos y hasta de apoyar a aquéllos que
valientemente lo hacen, llegándose al extremo de silenciar cobardemente la
confesión de ser verdaderos católicos.
Para revertir con urgencia esta situación, es
preciso recordar, leyendo a Genta, que “El Manifiesto Cristiano, el Programa de
la Verdad que nos hace libres en el desprendimiento de bienes y poderes
personales es el Sermón de la Montaña (…) Allí está la definición de lo que es
ser cristiano, su perfil esencial y estilo de vida; el fundamento de toda
elección justa; el sí, sí y el no, no que debe sellar un compromiso definitivo”18.
En este Sermón nos promete las
bienaventuranzas para quienes, cumpliendo sus mandatos, carguemos nuestras
cruces y lo sigamos para ser dignos de Él porque sentencia que “quien halla su
vida la perderá y quien pierde su vida por mí, la hallará”.
También nos alienta a sostener nuestra
voluntad para obrar el bien en su nombre al advertirnos que por ello “os
perseguirán; os azotarán, os encarcelarán y matarán, pero no teman, antes a Mí
me lo hicieron, y no es el ciervo mayor que su amo”.
Finalizo estas reflexiones convocando a todos
los católicos, hombres y mujeres de buena voluntad de San Luis, de la Argentina
y del mundo entero, para que nos desprendamos del miedo que por tanto tiempo
nos ha paralizado, y decididamente nos dispongamos a librar el buen combate
como verdaderos soldados de Cristo con el fin de reivindicar para los
argentinos la soberanía política de nuestra Patria instaurando en ella el
reinado social de Nuestro Señor Jesucristo y , siguiendo el ejemplo glorioso de
los Cristeros Mejicanos, roguemos al Padre Celestial que nos conceda la gracia
que permita que nuestro último grito en la tierra y nuestro primer cántico en
el cielo sea ¡VIVA CRISTO REY!
Que así
sea.
En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
[1] En el sentido bíblico de la expresión. A título ilustrativo véase, por
ejemplo, Jn. 2, 11 "(...). Así, en
Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales (...)”.
[2] Gn. 1, 26: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza”.
[3] Cfr. Gn. 3, 1-24.
[4] Gn. 4, 8: “(...). Mientras
estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató (...)”.
[5] De hecho, dice San Pablo que “la
creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Rm 8, 22).
[6] Genta, Jordán Bruno: Filósofo, escritor y periodista católico que fue
asesinado el 27 de octubre de 1974 por una célula
terrorista marxista
que lo acribilló de 11 balazos frente a su familia, por enseñar el amor a Dios,
La Patria y la Familia, lo que llevó a otro eminente exponente de la Doctrina
Católica, el Padre Leonardo Castellani, a llamarlo El Pedagogo del ¡Oh Juremos
con gloria morir!
[7] GENTA, JORDÁN BRUNO, La Opción Política del Cristiano, pág.
20.
[8] IDEM., o.c., págs. 21-22. Allí el autor sostiene que la sociedad tiene
razón de medio, no de fin, en orden al destino de
la persona
humana, lo mismo se trate de la familia, de la profesión, del Estado, que de la
Iglesia de Cristo.
[9] Cfr., IDEM., o.c., pág. 20.
[10] IDEM., o.c, pág. 15.
[11] Verdades que, quizás, para algunos no tengan injerencia respecto de la
realidad, ni del futuro del mundo. Sin embargo,
dichas verdades,
desde una sana y objetiva perspectiva teológica, son capitales para brindar un
diagnóstico integral respecto de los acontecimientos históricos que vive la
humanidad. Pensemos, por ejemplo, en la teología de la historia hecha por San
Agustín de Hipona, en su obra De Civitate
Dei, donde el santo va discurriendo con su razón, iluminada por la luz de
la fe sobrenatural, sobre hechos históricos de difícil explicación con la sola
razón natural. Sin embargo, no vamos a ahondar sobre ese tópico porque nos
saldríamos del camino que nos dispuesto recorrer en estas breves
consideraciones.
[12] Además de la obra citada y otras escritas por Jordán B. Genta,
recomiendo leer Los Protocolos de los Sabios de Sion,
traducidos y comentados por autores Cristianos;
El Judío en el Misterio de la Historia, del Padre Julio Meinvielle; La
Masonería en la Argentina y en el Mundo de Aníbal A. Rottjer; Iota Unum, de
Romano Amerio; El Novus Ordo Misae, de los Cardenales Alfredo Ottavianni y
Alfredo Bacci; El Rin desemboca en el Tíber, de Ralph M. Wiltgen; El Hombre
Moderno, del Padre Alfredo Sáenz; y otros a los que se remiten estos
autores.
[13] Mt. 8, 23-27: “Y entrando él en
la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una
tempestad
tan grande que las olas cubrían la barca; pero Él dormía. ¡Y vinieron sus
discípulos y le despertaron, diciendo, ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les
dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a
los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron,
diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Cfr. Mc. 4, 35-41; Lc. 8, 22-25).
[14] IDEM., o.c., pág. 17.
[15] IDEM., o.c., pág. 77.

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